En los últimos meses, el bombardeo publicitario ha sido incesante. El gobierno nos presenta “Che Roga Porã 2.0” como la gran revolución habitacional, la llave mágica que abrirá las puertas de la vivienda digna para la clase media trabajadora de Paraguay. Nos venden la ilusión de dejar el alquiler para pagar “lo mismo por lo propio”.
Sin embargo, detrás de los spots emotivos y los anuncios oficiales, se esconde una realidad mucho más fría: este programa no está diseñado para darte libertad, sino para quitártela. Che Róga Porã 2.0 no es un subsidio a la gente; es un rescate financiero a las desarrolladoras inmobiliarias.
Y el mayor problema radica en un detalle del que pocos hablan: No tenés el control de tu dinero.
El pecado capital: La intermediación obligatoria
Históricamente, el paraguayo accedió a su casa a través de la autoconstrucción progresiva. Comprabas un terreno a cuotas en Luque, Capiatá o San Lorenzo. Luego, juntabas para los ladrillos, contratabas a tu maestro de obras de confianza (ese que sabés que no te va a robar cemento) y levantabas tu casa a tu gusto, a tus tiempos y, sobre todo, a tus costos.
Con Che Róga Porã 2.0, esa libertad desaparece.
El sistema está diseñado para que el dinero del préstamo (que VOS vas a pagar durante 30 años) nunca toque tus manos. El banco le paga directamente a la Desarrolladora Inmobiliaria asociada al proyecto que elegiste en una página web.
¿Por qué esto es grave? Porque te obligan a comprar un “paquete cerrado”.
- Sobreprecios ocultos: Al no manejar el dinero, no podés pelear precio en la ferretería ni buscar un terreno más barato. Estás pagando el precio de lista de la desarrolladora, que incluye su margen de ganancia, sus gastos administrativos, su marketing y sus “imprevistos”.
- Si tenés 300 millones en mano: Podrías comprar un terreno hermoso y construir una casa sólida, equipada, con muralla y rejas, hasta inclusive me animo a decir que podria sobrarte para comprarte equipamiento basico y movilidad.
- Con 300 millones en el programa: Te entregan una casa “tipo” de 60m² con diseño repetido (las tienen todas igual), en un terreno mínimo, probablemente sin muralla perimetral, sin muebles y en una ubicación que ellos decidieron por conveniencia logística, no por tu comodidad.
¿Una necesidad real o un “rebranding” costoso?
Lo más irónico de este lanzamiento pomposo es que la herramienta ya existía. La Agencia Financiera de Desarrollo (AFD) tiene hace años los productos “Mi Casa” y “Mi Primera Vivienda”, que funcionan con tasas similares.
¿Para qué crear toda una burocracia nueva, una plataforma web costosa y un ministerio haciendo show mediático? La respuesta parece ser puramente política. Es “vino viejo en botella nueva”. Se ha montado un aparato estatal gigante para ofrecer algo que el mercado financiero ya tenía, pero empaquetado para beneficiar a un sector específico: las grandes constructoras que necesitan liquidez.
La trampa de la ubicación y los “Guetos” modernos
Como la desarrolladora necesita maximizar su ganancia y el precio de venta tiene un tope fijado por el programa, la variable de ajuste es clara: La Tierra.
Para que los números cierren, las casas de Che Róga Porã 2.0 no van a estar en barrios consolidados de Asunción ni cerca de los ejes corporativos. Van a estar en la periferia profunda: los fondos de Itauguá, Guarambaré o zonas de difícil acceso de Areguá.
Te venden la casa, sí. Pero te condenan a perder 3 a 4 horas diarias de tu vida en el transporte público o en el tráfico colapsado de Acceso Sur y Ruta 2. ¿Es eso calidad de vida? ¿De qué sirve una casa propia si solo llegás a ella para dormir porque pasás el resto del día viajando?
Estamos financiando la creación de “ciudades dormitorio” desconectadas, repitiendo los errores de planificación urbana de décadas pasadas, pero ahora con un logo nuevo y endeudando a la gente por tres décadas.
La falacia de los 30 años
El slogan “pagá lo mismo que tu alquiler” es seductor, pero peligroso. El alquiler te da flexibilidad. Si perdés tu trabajo, te mudás a algo más chico o volvés a casa de tus padres. Una hipoteca a 30 años es un matrimonio indisoluble con el banco. En un país con una inestabilidad laboral alta, donde la seguridad social es frágil y la inflación golpea la canasta básica, atarse a una deuda en guaraníes por tres décadas es un riesgo que no se explica en la publicidad.
Si al año 5 te quedás sin empleo y no podés pagar, no solo te quedás sin casa (te la ejecutan), sino que perdés todo lo que ya pagaste.
Queremos crédito, pero con libertad
No estamos en contra de que la gente tenga casa. Al contrario, es un derecho fundamental. Estamos en contra de que se utilice el sueño de la gente para alimentar la facturación de empresas intermediarias. De hecho, es necesario tener “cuentas” para conseguir algo pero, vamos na, nuestra economia no da para estas jugadas.
Si el gobierno realmente quisiera ayudar a la clase trabajadora:
- Liberaría los fondos para la autoconstrucción: “Acá tenés el crédito, presentame tu plano aprobado y tus facturas, y construí vos”. Eso dinamiza la economía del barrio, le da trabajo al albañil local y a la ferretería de la esquina, no solo a la gran constructora.
- Regularía el precio de la tierra: El problema no es que falten ladrillos, es que un terreno pelado cuesta una fortuna por la especulación.
Che Róga Porã 2.0, tal como está planteado, es un negocio redondo para todos… menos para el que firma el pagaré. Al final del día, te entregan una llave, pero te quitan la libertad de decidir cómo, dónde y a qué costo construir tu hogar.

